Por iniciativa de Bobby Carcassés, jazzistas cubanos dedican concierto a los Cinco

PEDRO DE LA HOZ

Si el blues, en la raíz y fronda del jazz, presupone un ejercicio de libertad creativa, desde su origen en las comunidades afronorteamericanas, en manos y voces de músicos cubanos también puede desatar una corriente de justicia y esperanza.

Con esas razones y tales sentimientos, Bobby Carcassés convocó a jazzistas de varias generaciones para que dedicaran su arte a la causa de los Cinco luchadores antiterroristas cubanos injustamente condenados en Estados Unidos.

"Va a hablar la música en nombre de la libertad. Es hora de que Gerardo, Antonio, Ramón, Fernando y René regresen a esta tierra y al seno de sus familias. Este modesto aporte nuestro de hoy es un acto humanista", dijo Bobby antes de que comenzara en la Casa de la Cultura de Plaza el concierto Cinco horas de blues por los Cinco.

Familiares de los luchadores compartieron con un público entusiasta y conocedor, al que no importó la falta de comodidades en el patio de la Casa ni las deficiencias del audio para disfrutar la entrega.

Desde que el propio Bobby, junto al saxofonista César Alejandro López, inició la sesión con un tema dedicado expresamente a los Cinco hasta los que cerraron la tanda al filo de la madrugada del último viernes, hubo una sucesión de eventos destacables.

Fue digno escuchar el despliegue rítmico del veteranísimo Gilberto Valdés y de los maestros Enrique Pla y Giraldo Piloto en la batería, la continuidad en el trato con las tumbadoras de Arturo, el hijo de Tata, la promisoria ejecución de la banda Jorge Varona, el entendimiento de Robertico Carcassés con un gran formato, la inapagable energía de los bailadores de Santa Amalia, la inteligencia improvisatoria de Pablo Menéndez en la guitarra, las contribuciones del saxofonista Alfred Thompson y el trombonista Carlitos Álvarez, el scat criollo de William la Palma, la eclosión pianística de Alejandro Falcón y la irrupción de dos formaciones que pueden dar la hora, Saxophilia y Eclipse Cubano.

También fue bienvenido el gesto de la vocalista belarusa Irina Parr, quien se encuentra en La Habana para grabar un disco, al sumarse al concierto, junto al saxofonista Jesús Fuentes, director artístico de Canela.

Iniciativas como esta ponen de manifiesto el sentido solidario de los artistas cubanos, a la par que evidencian la pujanza de un género al que la Isla, desde hace un siglo, ha aportado estilo y talento.

GRANMA


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